-Relato corto bisexual. Andrea.

Andrea

Otro día más amanece en los suburbios de una gran ciudad. El cielo de un gris plomizo vestido de nostalgia y un tipo cualquiera andando apresurado. Cruza una calle casi sin mirar. Un viejo opel frena y le regala un bocinazo. Su conductor parece maldecir tras las lunas del vehículo, pero el tipo no se da ni cuenta.

 

 Esta mañana se despertó temprano, como casi siempre. A las cinco y media su viejo radio despertador digital lo sobresalto con las noticias de última hora. Nada nuevo, la bolsa cae. Los indices macroeconómicos se debilitan y una nueva borrasca financiera acecha a los mercados. A él  le da igual. Salta de la cama y se dirige a la cocina. Refunfuñando descubre que no queda café en la jarra de cristal de la cafetera eléctrica. Cambia el filtro, añade lo que queda de torrefacto y un poco de agua.

 

Vienen a su mente recuerdos de su adolescencia. Memorias amargas de su juventud. Meses pasados en el internado de curas, de profesores autoritarios y compañeros tristes y distantes. Cruza una nueva calle. Esta vez no hay tráfico,  se le incrusta una goma de mascar en la suela de sus raídos mocasines negros de piel. Suelta un improperio y continúa su camino sintiendo como el pie se le pega a la calzada.

 

Emilio-relato corto bisexual

 El agua hirviendo comienza a gotear sobre el café molido. Observa como va cambiando de color al traspasar el blanco filtro de papel. En unos minutos la jarra está medio llena. Abre el armario situado sobre el fregadero y coge un paquete de galletas maría. Están rancias pero es suficiente. Sorbiendo el café y masticando las “marías” se dirige hacía el baño. La mezcla es infalible y necesita con urgencia llegar al váter.

 

Dobla la esquina y allí está como siempre la parada del autobús de la linea 25. El mismo que coge cada día desde hace veinticinco años. Quizás veintiséis, el tiempo pasa rápido. El mismo autobús rojo y blanco que lo lleva a diario al “downtown” donde se encuentra su lugar de trabajo.

 

 Tira de la cadena y se mira al espejo. Sólo ve un hombre de edad media cualquiera. Ni siquiera parece ser él. No hace mucho una frondoso cabello castaño adornaba su cabeza. Hoy las entradas y la calva en la coronilla le dan un aspecto ridículo. Los dientes empiezan a amarillear. Los ojos rodeados de arrugas y una nariz algo más grande de lo normal no ayudan mucho. Abre el grifo y se echa agua fría sobre la cara.

 

Pero hoy no va al lugar de trabajo, hoy es su día, su puto día libre y lo va a disfrutar. Quizás sea el único momento que le merezca la pena de su penosa existencia. Hoy como cada domingo desde hace seis meses se encontrará con Andrea. Su amiga, su confidente, alguien en quien confiar y que sabe recompensar sus  esfuerzos.

 

 Es ya hora de elegir el atuendo de los domingos. Desde mediados de año su insípida vida parece haber recobrado algo de su antiguo fulgor. Una pequeña luz al final del túnel. Los fugaces encuentros dominicales con esa nueva amistad le ayudan a sobrellevar la pesada carga de su existencia. Para hoy escoge sus mejores galas. Zapatos más altos de lo normal, ropa interior de color negro que nunca antes llego a estrenar y una rubia peluca que oculta su incipiente calvicie.

 

Llega el autobús y sube de un salto. EL conductor ni lo mira cuando abona su ticket. Apenas hay algún pasajero más. Un gato cruza la calle escapando por segundos de una muerte cierta. Sigue pensando en el encuentro que le espera en breves minutos. Quizás sea ésta la noche tan esperada. Debe de serlo, hoy no se verán en el descuidado bar de la esquina junto al teatro. Hoy ha reservado habitación en el hotel, algo desvencijado y anticuado, situado en la amplia avenida que lleva desde el teatro hasta el muelle.

 

 Se mira al espejo antes de salir y lo que ve le gusta. Esa es la persona que quiso ser durante tanto tiempo. Desde su niñez había sentido la necesidad de vestirse de aquella manera y aparentar ser quien no es. O ser quien realmente es. Baja las escaleras cerrando la puerta del portal de un fuerte portazo. No sabe si coger un taxi o andar hasta la parada del autobús a dos manzanas de distancia.

 

Baja del autobús y entra al hotel. Se registra y sube a la tercera planta en un minúsculo ascensor Autobus-relato corto bisexualquejumbroso. La 325, coge la llave y entra. Toma una botella de agua de cortesía y se la bebe a grandes tragos.

 

 Baja del taxi, paga y se ajusta la peluca rubia. Sus altos tacones no le permiten andar con rapidez. Teme caerse. Sube a la habitación 325. Allí le espera Emilio su nuevo amigo y quizás amante.

 

 Entra sin llamar y allí esta él. Con sus mocasines negros y su aspecto descuidado. No es guapo pero me acepta como soy. Se que le gusto, que le excita mi ambigüedad. Cuando mira mis pechos noto como su pene crece dentro del pantalón. Sé que es consciente de que la erección es mutua. Lo miro esperando en la butaca y mi polla no deja de crecer.

 

Sobran las palabras, me levanto de la butaca y me acerco a Andrea, o Andrés como le llamaban sus padres. Hoy está deslumbrante, los altos tacones y ese corto pelo rubio que tanto le favorece. Lleva una suave blusa “beige” de delicada seda que nunca antes había visto. Sus pechos se dejan adivinar bajo ella. Una falda pantalón de algodón que le llega hasta la rodilla permite ver sus perfectas piernas depiladas.

 

 Emilio se levanta del sillón y se dirige hacia mi. Puedo ver en su cara el deseo. Imagino su dura polla a punto de estallar. Se acerca a escasos centímetros de mi cara. Siento su agitada respiración, el denso aroma masculino que desprende. Mi polla quiere escapar de mis bragas.

 

Me dirijo hacia ella y la beso suavemente en la mejilla. Noto su excitación. Se dibuja una arruga en su falda pantalón y sus labios tiemblan ligeramente sin saber que decir. Le desabrocho poco a poco la blusa quedando al descubierto un bonito sujetador de encaje negro. Arrojo la blusa a la cama y beso el canalillo entre sus senos.

 

 Me quita la blusa, creo que me voy a correr antes de tiempo. Quiero tocarlo, acariciar su recio cabello, desnudarlo y lamer suavemente su musculoso pecho. Pero estoy paralizada. Él sin embargo, sigue, sabe lo que quiere. Me arranca con torpeza el sujetador y besa mis pezones con fruición. Erectos y firmes como una piedra pertenecen a su boca. Un escalofrío recorre mi espalda. No pierde el tiempo.

 

No pierdo el tiempo, muerdo sus pequeños pezones, los succiono ardiente de deseo y la agarro por el culo juntando nuestros sexos duros y palpitantes. Me quito la camisa con rapidez, quiero sentir su cálida  piel. Andrea parece reaccionar.

 

Andrea-relato corto bisexual

 Y finalmente reacciono, la excitación que me paralizaba ahora me ahoga. La adrenalina casi no me deja respirar.  Lo  beso en la boca agarrando con fuerza su paquete. Siempre había soñado con tocar una polla como aquella. Poderosa y firme. Y no solo eso, ahora quiero sentirla en mi boca. Me arrodillo frente a él, le suelto el cinturón y voy bajando la cremallera de su pantalón. No tarda en aparecer su pene de tamaño descomunal.

 

Andrea se arrodilla frente a mi. Me baja los pantalones. Lo va a hacer. Sí, quiero sentir sus labios abrazar mi sexo y su lengua jugar con mi glande. Quiero correrme y llenar su boca de mi blanca y cálida leche.

 

 Le cojo la polla que se agita nerviosa ante el placer máximo que se le avecina. La meto en mi boca, la noto dura, abundante y caliente. Quiero mamársela hasta que se corra. Quiero saborear su leche. Emilio gime, jadea, agarra mi cabeza y me obliga a chuparla más adentro. Le agarro los testículos fuertemente mientras la noto casi en la garganta.

 

No quiero correrme aún. Quiero que este placer se prolongue durante horas. Quiero quitarle su falda pantalón, bajarle sus bragas y poseerla.  Saco la polla de su boca, la cojo por los brazos y la tumbo en la cama. desabrocho con prisas el botón de su cintura dejando al descubierto su bonita lencería negra. Sus bragas apenas pueden ocultar su erguido miembro. Le rompo las bragas y me abalanzo sobre su sexo. Es hora de dar.

 

 Me tumba en la cama y termina de desnudarme. Mi polla sale como un resorte de mis braguitas. Se la mete en la boca y noto la cálida suavidad de su lengua. Sabe como hacerlo. Me agito en la cama, aprieto los puños y llego hasta casi el orgasmo. Pero no, aún no. Habrá tiempo para ello. Veo que él también disfruta chupándomela. Y entre gemidos lo dejo hacer.

 

Su polla sabe a gloria. No muy larga, pero robusta y de ancho y sensible glande, me tiene embelesaSexo en bco y negro-relato corto femdomdo. Andrea grita y paro, no quiero que se corra. Le hago darse la vuelta. Ahora yace boca a bajo en la cama. Humedezco mi dedo y voy dilatando su culo. Cuando llega el momento la acerco y se la comienzo a meter muy poco a poco.

 

 Emilio me da la vuelta. Me va a follar y yo lo deseo. Lo hace con dulzura. No quiere lastimarme. Noto su enorme pene entrando dentro de mi. Primero lentamente y luego cada vez más rápido, siento su movimiento que quisiera perpetuo en mi culo. Le digo que más rápido, que más fuerte , que se corra, que llene mi culo con su blanco elixir. Quiero sentir su calor.

 

No puedo aguantar más me voy a correr, noto el semen deslizándose hasta la punta de mi polla y saliendo en cortos estertores casi agónicos. Uno, dos, tres. Cada chorro de leche es una punzada de placer. Ella grita de satisfacción. Es hora de corresponderla. Se la saco y le doy la vuelta.

 

 Se ha corrido dentro de mi, siento un enorme placer. La calidez de su esperma  acrecienta mis sensaciones. Me da la vuelta, me besa en los senos mientras agarra con su mano mi pene. Lo mueve arriba y abajo lentamente. Acaricia mis testículos y cubre mi cuerpo de pequeños besos hasta metérselo de nuevo en su boca. Quiero correrme, quiero sentir el placer supremo de eyacular entre sus labios. Lo chupa y succiona como un loco hasta que ya no puedo más. Me corro vertiendo  mi semen en su garganta. Lo noto salir.  Y grito…

 

Se corre en mi boca. Saboreo su dulce néctar y me lo trago. Noto como su agitado cuerpo se relaja. Sus enhiestas tetas suben y bajan al ritmo de su respiración jadeante. Nuestros cuerpos sudorosos y ardientes de placer se entrelazan. La abrazo.

 

 Me abraza.

 

L. A